Razas de oveja y propiedades del vellón
No toda la lana afieltra igual, y la diferencia no es de calidad sino de estructura. Lo que decide el comportamiento de una fibra es el diámetro (medido en micras), la longitud de la mecha, el rizo y la cantidad de escamas por centímetro. Cuanto más fina y rizada es la fibra, más rápido se enredan las escamas y más denso y compacto queda el fieltro.
El merino, con fibras que suelen moverse entre 18 y 23 micras, es el material más dócil y el que se usa en casi todo lo que va pegado a la piel: chales, gorros, piezas con detalle. Afieltra rápido y encoge mucho. En el extremo opuesto están las lanas más bastas de razas rústicas de la península —churra, castellana, ojalada—, con fibras gruesas, poco rizo y mucho pelo muerto: dan un fieltro áspero, resistente y estable, adecuado para alfombras, zapatillas de casa, asientos y objetos que deben aguantar peso. La lana entrefina de razas como la manchega o la lacha queda en un punto intermedio y funciona bien en bolsos, fundas y piezas de uso diario.
Conviene tocar el vellón antes de comprarlo. Una lana viva se recupera al soltarla, huele a lanolina y no se rompe al estirar una mecha entre los dedos. Una lana que se deshace en trozos secos, que suena crujiente o que deja polvo en la mano ha pasado demasiado tiempo mal guardada y afieltrará de forma irregular.
Qué mirar en un vellón
- Longitud de mecha homogénea en todo el lote.
- Rizo visible y elástico al estirar.
- Ausencia de zonas apelmazadas o ya afieltradas en el propio vellón.
- Poca materia vegetal: la paja y el cardo se quedan dentro del fieltro.
- Color uniforme si se va a teñir después.
Lavado, cardado y preparación de la cinta
El vellón recién esquilado lleva grasa, sudor y tierra. Se lava por inmersión en agua caliente con un detergente neutro, sin frotar y sin cambios bruscos de temperatura: mover la lana en agua caliente y jabonosa es exactamente lo que se hace para afieltrar, así que en esta fase el objetivo contrario es no tocarla. Dos o tres baños de lavado y otros tantos de aclarado bastan; después se seca en plano, a la sombra y con aire, nunca amontonada.
El cardado abre los mechones y orienta las fibras en todas las direcciones. Con cardas manuales se trabaja en pequeñas cantidades y se obtiene un rollo esponjoso —el rolag— ideal para piezas mullidas y para mezclar colores a ojo. Con una carda de tambor se procesan cantidades mayores y se obtiene una manta de fibra más regular. El peinado es otra cosa: alinea las fibras en paralelo, elimina las cortas y produce la cinta peinada continua que se vende en madejas, la más cómoda para extender capas finas y uniformes.
Cardado y peinado no son intercambiables. La fibra cardada, desordenada, se engancha antes y da un fieltro con más volumen y aspecto más rústico. La cinta peinada afieltra algo más despacio, encoge de forma más previsible y permite superficies lisas, que es lo que interesa en prendas y en piezas con planos limpios.
Cómo se abre la cinta antes de extenderla
La cinta no se corta con tijeras: se sujeta con las dos manos separadas unos veinte centímetros y se tira con suavidad hasta que la mecha se suelta sola. Después se abre en abanico entre los dedos para adelgazarla. Un extendido correcto es aquel en el que, mirando la capa al trasluz, no se ven claros ni acumulaciones.
Fieltro húmedo: jabón, temperatura y fricción
El fieltro húmedo se construye por capas cruzadas. La primera se extiende en un sentido, la segunda perpendicular a la anterior, y así sucesivamente; tres o cuatro capas finas dan un resultado mucho más firme que una sola capa gruesa. El cruce es lo que reparte la tensión y evita que la pieza se deforme al encoger.
El agua tibia —en torno a 40 °C— abre las escamas sin cocer la fibra. El jabón, alcalino y bien untuoso, hace que las fibras resbalen unas sobre otras mientras se enganchan; un jabón de aceite de oliva o un jabón neutro en pastilla sirven perfectamente y ensucian menos que el detergente líquido. Se moja sin encharcar: la lana debe quedar empapada pero sin agua sobrante corriendo por la mesa.
La fricción empieza suave, con la mano plana o a través de una malla o plástico burbuja, y va ganando presión a medida que la superficie deja de moverse. El cambio se nota: al principio las fibras se desplazan bajo la mano, después dejan de hacerlo. Ese es el momento de pasar al enrollado, que es donde la pieza encoge de verdad.
La prueba del pellizco
Para saber si el fieltro ya está hecho, se pellizca la superficie y se tira hacia arriba. Si se levantan fibras sueltas, falta trabajo. Si sube la pieza entera como una lámina, el afieltrado está completo y solo queda el endurecido final.
Fieltro con aguja y trabajo por forma
El afieltrado en seco no usa agua: la aguja lleva unas muescas diminutas en el filo que arrastran fibras hacia el interior y las entrelazan a cada pinchazo. Es un trabajo de escultura, no de superficie. Se parte de un bulto de lana cardada que se va compactando por zonas hasta obtener el volumen deseado, y solo al final se refina el contorno.
El grosor de la aguja marca la fase. Las más gruesas —del calibre 36 al 38— desbastan y unen masa rápido, dejando marcas visibles. Las intermedias, alrededor del 40, definen la forma. Las finas, del 42 en adelante, cierran la superficie y permiten aplicar detalles de color sin que se noten los agujeros. Se pincha siempre perpendicular a la superficie y se saca la aguja por el mismo eje: cualquier giro lateral la parte.
Para piezas grandes se trabaja sobre un alma —un núcleo de lana basta y barata, o una estructura de alambre forrado— y se reserva la lana buena para la capa exterior. Eso ahorra material, acelera el trabajo y evita que el centro quede blando.
Precauciones con la aguja
- Trabajar siempre sobre una base de espuma densa o de cepillo.
- Mantener la mano de apoyo fuera de la trayectoria de la aguja.
- Sustituir la aguja en cuanto pierde mordiente: fuerza más y se rompe.
- Guardar las agujas en un tubo rígido, no sueltas en la caja de labores.
El encogimiento y cómo se calcula antes de empezar
Toda pieza de fieltro húmedo sale más pequeña de lo que se extendió. El porcentaje depende de la raza, del número de capas, de la temperatura del agua y de cuánto se insista en el enrollado, pero en la práctica se mueve entre un 20 % y un 40 %, y con merino fino y mucho trabajo puede pasar de ahí. El error más común del taller no es afieltrar mal, sino no haber medido ese encogimiento antes.
El método es sencillo: se hace una muestra cuadrada con la misma lana, el mismo número de capas y el mismo método que se usará en la pieza definitiva. Se mide antes y después, y se calcula el coeficiente. Si un cuadrado de 30 cm queda en 21 cm, el encogimiento es del 30 % y el factor de ampliación es 1 ÷ 0,70 ≈ 1,43. Para una bufanda que deba medir 150 cm acabada, hay que extender la lana sobre unos 214 cm.
Hay un detalle que suele pasarse por alto: el encogimiento no es igual en los dos ejes. La pieza suele contraerse más en la dirección en la que más se ha enrollado. Por eso el enrollado se reparte: se gira el paquete noventa grados cada cierto número de vueltas para que la contracción sea pareja, salvo que se busque deliberadamente alargar una pieza en un sentido.
Cálculo rápido
- Medida deseada acabada, en centímetros.
- Encogimiento observado en la muestra, en tanto por uno (0,30 para un 30 %).
- Medida de extendido = medida deseada ÷ (1 − encogimiento).
- Añadir un margen del 3 % al 5 % para recortes y ajustes de borde.
Plantillas para piezas huecas y volumétricas
Bolsos, zapatillas, gorros y recipientes se afieltran sobre una plantilla plana e impermeable que hace de separador entre las dos caras de la pieza. Suele usarse espuma de polietileno, hule o plástico rígido fino. La lana se extiende por una cara, se doblan los bordes sobrantes sobre la plantilla, se da la vuelta y se repite; así se obtiene una bolsa cerrada sin costuras.
La plantilla se dibuja siempre más grande que la pieza final, aplicando el mismo factor de encogimiento calculado en la muestra, y con un añadido extra en las zonas que deben conservar profundidad. Los bordes se redondean: un ángulo recto en la plantilla se convierte en una esquina rígida y mal repartida en el fieltro.
Cuando la pieza ya está afieltrada se hace la abertura —un corte limpio con cúter en la boca del bolso o en el empeine de la zapatilla—, se retira la plantilla y se sigue trabajando la pieza en volumen, ya sin separador. Es en esa fase final donde se da la forma definitiva: se mete la mano dentro, se estira, se aplasta contra la mesa y se marcan los planos. El fieltro todavía húmedo conserva la forma que se le imponga al secar.
Errores frecuentes con plantilla
- Capas demasiado gruesas en el doblez del borde, que quedan como un reborde duro.
- Olvidar cruzar la dirección de las capas en la segunda cara.
- Cortar la abertura antes de que el fieltro esté realmente hecho: los bordes se abren.
- Sacar la plantilla y dejar secar sin dar forma: la pieza se apelmaza plana.
Lana sobre tejido: nuno y combinaciones con seda
La lana puede afieltrarse atravesando un tejido abierto en lugar de sobre sí misma. Es la técnica conocida como nuno: sobre una gasa de seda, un voile de algodón o una muselina fina se extiende una capa muy ligera de lana y, al trabajarla con agua y jabón, las fibras migran entre los hilos del tejido y se anclan por la otra cara. El resultado es una tela ligerísima, con caída, que conserva el brillo de la seda y el calor de la lana.
La condición es que el tejido base sea lo bastante abierto para dejar pasar la fibra. Las sedas muy tupidas y los tejidos sintéticos no funcionan. También hay que usar mucha menos lana de la que parece necesaria: una capa que deje ver el tejido por debajo es suficiente, y si se carga de más el resultado deja de tener caída.
El encogimiento cambia la textura del conjunto. La lana contrae, la seda no, y el tejido base se recoge en pliegues y burbujas. Ese fruncido es precisamente el efecto que se busca, y su intensidad se controla con la cantidad de lana y con el tiempo de trabajo. Las fibras brillantes que se añaden como decoración —seda tussah, fibras de bambú, mechas teñidas— no afieltran solas: necesitan quedar sujetas por lana por encima o por debajo, o acabarán soltándose con el uso.
Tejidos que suelen responder bien
- Gasa y pongé de seda de bajo gramaje.
- Muselina y voile de algodón fino.
- Lino ligero de trama abierta.
- Tul de fibra natural para efectos de rejilla.
Teñido y mezcla de tonos
La lana es una fibra proteica y se tiñe con colorantes ácidos en medio ácido y con calor, o con tintes naturales sobre fibra previamente mordentada. En ambos casos vale la misma regla que en el lavado: la temperatura sube y baja despacio y la lana se mueve lo mínimo dentro del baño, porque un teñido agitado en caliente devuelve un bloque afieltrado inservible.
Las plantas tintóreas habituales en el ámbito mediterráneo dan una paleta reconocible: la gualda y la cáscara de cebolla para los amarillos y ocres, la rubia para los rojos terrosos, la cáscara de nuez y la bellota para los marrones, el pastel y el índigo para los azules. Los tonos naturales tienden a armonizar entre sí porque comparten la base apagada del tinte vegetal.
La mezcla de color, sin embargo, no suele hacerse en el baño sino en las cardas. Al combinar dos lanas teñidas durante el cardado no se obtiene una mezcla plana, sino un jaspeado en el que ambos tonos siguen siendo visibles de cerca y se funden a distancia. Pequeñas proporciones de un color complementario rebajan la saturación sin ensuciar el conjunto, y una pizca de gris o de lana natural oscura unifica una paleta demasiado viva.
Antes de teñir un lote grande
- Probar siempre en una muestra de la misma raza y del mismo lote.
- Anotar proporciones, temperatura y tiempo: el color no se repite de memoria.
- Aclarar hasta que el agua salga limpia y secar en plano.
- Tener en cuenta que el fieltro acabado se ve más oscuro y más denso que la mecha suelta.
Cuidado del fieltro y conservación de los materiales
Una pieza de fieltro bien hecha no se deshilacha ni necesita dobladillo, pero sigue siendo lana: le afectan el calor, la fricción y la luz directa. Se lava a mano en agua templada con jabón suave, sin frotar y sin retorcer; se escurre presionando entre toallas y se seca en plano, dándole forma con la mano mientras está húmeda. La lavadora, incluso en programa de lana, añade fricción y puede seguir encogiendo la pieza.
El bolillo y las arrugas se corrigen con vapor, no con plancha apoyada: se acerca la plancha sin tocar la superficie o se cuelga la pieza en un baño con vapor y se deja secar en la posición deseada. Las bolitas que salen con el roce se retiran con una maquinilla o con unas tijeras pequeñas.
Para los materiales, lo importante es el aire y la oscuridad. La lana lavada se guarda en bolsas de tela o cajas de cartón, nunca en plástico cerrado, porque la humedad retenida favorece el moho y el olor. La polilla se combate con limpieza y revisión periódica más que con productos: los huevos se depositan en lana sucia o con restos de grasa, así que un vellón bien lavado y aireado corre mucho menos riesgo. La lavanda, el cedro y el laurel ayudan a repeler, pero no sustituyen a la inspección cada pocos meses.
Rutina mínima de almacenamiento
- Lana lavada y completamente seca antes de guardar.
- Contenedores transpirables, etiquetados con raza, micraje y fecha.
- Lejos de ventanas: la luz directa apaga los teñidos.
- Revisión visual cada tres o cuatro meses, sacudiendo el material.
- Agujas, cardas y plantillas secas y separadas de la fibra.
Sobre estos materiales y cómo escribirnos
Plosero es un proyecto informativo y editorial dedicado al trabajo con lana afieltrada. Aquí se publican textos explicativos, notas de método y listas de comprobación pensadas para quien trabaja la fibra en su propio taller o está empezando a hacerlo. No se venden materiales ni se organizan actividades: todo el contenido es de lectura libre.
Las descripciones de técnicas son orientativas y describen prácticas habituales del oficio. Cada lana, cada agua y cada mano dan resultados ligeramente distintos, y por eso insistimos tanto en las muestras previas.
Si quieres comentar algo, señalar un error o proponer un tema relacionado con el fieltro, puedes escribir a [email protected]. Se leen todos los mensajes, aunque la respuesta puede tardar.